Los Salvajes Días acaban

bueno, no acaban. es distinto, porque últimamente no he tenido esa sensación de tener que decirle adiós a la cosa feral. en parte se debe a que he caído en las redes del WoW (un poco, tal vez más de lo que quería, pero sólo han sido dos semanas, y dos semanas planas para más inri), aunque ahí también puedo ser feral de otra manera, explorar otras cosas.

lo que sí sucede es que es mi último día aquí. no sobre la tierra, no sobre la tierra plana y definitivamente no trabajando (más quisiera), pero sí es el último día en esta oficina, en este proyecto y en este pueblo en el que he pasado sietes meses trabajando y viviendo, rompiéndome cosas, rompiendo cosas, peleando, conversando, bebiendo, comiendo, corriendo, encerrándome en un huevo, saliendo del huevo a un mundo muy extraño, amando, amando extraños que ya no lo son, conociendo a una gente, desconociendo a otra… creo que esta estancia aquí, más que de conocerme a mí (que fue lo que sucedió el año pasado), me ha ayudado a conocer un poco más al mundo (y a hacer un pesto decente, un sushi delicioso, y alguna cosa más). moverme en el mundo, ver cómo se mueve otra parte del mundo. mi primer alquiler. mi primer pie traspasado. mi primer festival de jazz. explorar nichos micológicos. conversar con griegos, jamaicanos, portugueses… coger el avión como el que coge un autobús… ser salvaje porque el resto del mundo no lo es.

en el trabajo he descubierto que no sé muchas cosas y que sé hacer muchas cosas bien. y que en la mayor parte de los sitios, la gente está muy poco o muy mal organizada, que trabajar es un caos y a nada que se tenga una mente algo amueblada, resulta todo muy sencillo y fácil. que vivimos de lo que sabemos por experiencia, no de lo que sabemos por capacidad.

he echado de menos a la gente, me he alegrado por la gente, lo he sentido por la gente. he vivido en una franja dimensional distinta, muy distinta. he sabido qué es lo que sucede en otras partes, pero no lo que sucede de verdad, apenas proyecciones de esas cosas. he estado ahí cuando no sabías que estaba ahí, y me he ido de allí sin que lo supieras. te he besado algunos cientos de veces y a veces no eras tú, y no te besaba, y no eran cientos. me he dormido en el sofá (el primer día), me he dormido en la Pöang (muchas veces, la última hace tres días), esa misma Pöang que le voy a reubicar a Jaime, para que pueda recogerla la próxima vez que venga (en apenas unos meses, espero).

estoy contento en parte porque mi equipaje sigue siendo ligero, que siempre me importa (también estoy escuchando música, claro). estoy contento porque me llevo/dejo/tengo más gente.

y, sobre todo, estoy contento porque aunque tengo cosas que hacer, sé que da igual (porque no son vitales, porque dependen de otros cuantos cientos de cosas, porque sé que aquí se trabaja así, porque mañana cambiará todo y lo hecho no servirá apenas para nada).

y porque los días salvajes no se acaban, para nada, no hacen más que continuar. pero me gustaba el título.


About this entry